Bolivia ya vive los XI Juegos Suramericanos Cochabamba 2018

Cochabamba, BOLIVIA, 26 de mayo de 2018 (ABI).- Los XI Juegos Sudamericanos de Cochabamba 2018 quedaron formalmente inaugurados el sábado por la noche tras una lucida ceremonia inaugural que se escenificó en el estadio capitalino Félix Capriles, abarrotado por 40.000 personas entre ellas los presidentes de Bolivia, Evo Morales, y de Paraguay, Horacio Cartes, y el titular de la Organización Sudamericana (ODESUR) del Sur, Camilio Pérez.

A nombre del gobierno boliviano, el ministro de Deportes, Tito Montaño, inauguró la justa olímpica de Sudamérica que celebrará hasta el 8 de junio en la ciudad de Cochabamba.
“Hoy, 26 de mayo del 2018, con la certeza de que estos Juegos significan la unión fraternal, la paz y prosperidad que anhelamos para todos los pueblos de Sudamérica, declaro por inaugurados los undécimos Juegos Sudamericanos Cochabamba 2018. Suerte y que gane el mejor”, proclamó Montaño.
Antes, el gobernador de Cochabamba, Iván Canelas, anfitrión de los Juegos, había declarado abiertos los brazos de su pueblo al tiempo de dar la bienvenida a la familia olímpica sudamericana.

“Hermanos gracias por venir a Cochabamba, a esta tierra bendita. Los recibimos con los brazos abiertos, les deseamos una linda estadía y el mejor de los éxitos. Que estos décimo primeros Juegos sean los mejores; que aquí logren sus sueños de alcanzar nuevos records y medallas de oro”, proclamó la autoridad de la región anfitriona que abrazará desde este sábado, por espacio de 15 días, a la familia olímpica continental, hasta el 8 de junio.
A su turno, Pérez solemnizó que “hoy podemos estar orgullosos”, porque “llegaron los juegos a Cochabamba y felicitaciones a todos ustedes por todo el esfuerzo que hicieron para llegar”.
Pérez recordó que los Juegos Suramericanos se disputarán por segunda vez en Bolivia, con “escenarios espectaculares y dignos de cualquier lugar del mundo”.
“Estos juegos dejarán un gran legado para las futuras generaciones deportivas suramericanas. Juntos, la ODESUR y Bolivia, han demostrado que rendirse no era una opción, no existen obstáculos insuperables, hemos superado absolutamente todo y por esos estamos hoy llenos de alegría”, subrayó.
Los mejores atletas del Siglo XX boliviano se turnaron en la recta final del camino de la antorcha olímpica, que se encendió hace 20 días en la ciudad milenaria de Tiahuanaco, para alumbrar el pebetero de los XI Juegos suramericanos Cocha 2018, ungido a unos de los costados del estadio Capriles.
Los atletas se acomodaron en la pista atlética para trasladar la antorcha en los últimos metros y encomendar al denominado deportista del siglo, el fondista Jhonny Pérez, que encienda el pebetero.

Portaron la llama Olímpica los atletas emblemáticos, Oscar Carmona, Ana María Gandarillas, Jaime Yapur, trio de Oro del volibol boliviano; Edgar Cueto, ciclista que batió un récord mundial en Moscú; Jaime Doria Medina, figura de la selección de voleibol de los I Juegos Suramericanos de 1978 y la volibolista Martha Gandarillas, medalla de oro en los Juegos Cruz del Sur.
La llama suramericana recorrió en total 4.542 km por poblaciones de los nueve departamentos del país hasta arribar a su destino final.
Con fuegos de artificio, bailes tradicionales, figuras policromáticas en la grada, la apoteótica ceremonia comenzó hacia las 19h00 locales (23h00 GMT) en el remozado estadio capitalino, en cuya arena Bolivia ha vivido sus más grandes gestas, tales como la de 1963, cuando su selección de fútbol se ciñó la corona de campeón sudamericano o cuando su más eximio violinista, Jaime Laredo, llegó un año después a estrenar el premio mundial que ganó a instancias de la Reina de Bélgica.

Una banda militar de la guardia presidencial, los Colorados de Bolivia, dio marco a la ceremonia, en momentos en que el país andino amazónico, que seguía la transmisión al vivo de la televisión pública, Bolivia TV, se paralizaba para escuchar las notas del himno patrio.
La fiesta olímpica del deporte sudamericano se desató en forma con la entrada a la pista de tartán azul de los 4.013 atletas de los 14 países en competencia filial.
El desfile que pareció enloquecer a los expectadores bolivianos en la grada comenzó con el ingreso de Argentina, la múltiple campeona de esta saga olímpica regional que describió su primer capítulo en 1978, en La Paz, Bolivia.

Señalada por un marco luminoso de características galácticas que se divisaba, por drones, desde un cielo límpido y estrellado, la ceremonia vio ingresar luego a la de Aruba.
Al ritmo de sones tradicionales de cada país, hizo su paso, a continuación, la frondosa delegación de Brasil, el campeón reinante de esta gesta en los Juegos de Chile 2014.
A vuelta de página se escuchó el Sombrero Vueltiao, para marcar el ingreso de la delegación de Colombia, que se hizo de la victoria en 2010 en los Juegos de Medellín.
Chile se puso en fila e ingresó al tartán del estadio Capriles. Algunos de sus deportistas lucían en alto los pendones chileno y boliviano.
La televisión captó a un dirigente chileno emocionado hasta las lágrimas en medio de la algarabía desbordante de los atletas trasandinos.
Detrás de Chile apareció la delegación de Ecuador seguida de Guyana y Panamá.
Tras los panameños se pusieron en escena los paraguayos, que al pasar por el Palco saludaron a su conmovido líder.
Cartes recibirá la posta de los Juegos Sudamericanos de 2022 que se celebrarán en Asunción ese año.
Tras Paraguay, los 40.000 bolivianos prorrumpieron en aplausos para dar la bienvenida a la delegación de Perú.
Marcharon luego las delegaciones de Surinam, Uruguay y Venezuela.
Como corolario apareció, por último, para desatar la apoteosis, la delegación anfitriona de Bolivia, la más numerosa, en cabeza de la estrella de su natación Karen Tórrez.

La fiesta se extendió para escuchar a la cantante Cornelia Veramendi, que interpretó una canción en quechua.
A la artista oriunda del andino Norte de Potosí siguió el baile del Pujllay, propio de la zona de Yamparaez, en el subandino departamento de Chuquisaca, que desencadenó en la grada, el escenario y la pastilla blanca en que tornó la grama verde del rectángulo de fútbol del estadio Capriles, la locura misma.
Los atletas brasileños acostumbrados a la candencia sensual de la samba carioca bailaban en sus asientos al ritmo de este son vernacular.
En muestra reluciente de la diversidad cultural de Bolivia emplazada en 7 zonas fisiográficas diversas, en las que habitan 37 naciones originarias, dos preciosas mozas de la cultura Moxos cantaron en lengua moxeña el Ichapekene Piesta.
Propio de la cultura moxeña, saltaron al escenario danzantes, que lucían plumajes propios de la fauna amazónica, del nororiente boliviano, para una gala de reverencia de ancestro politeísta.
El coro y la orquesta de San Ignacio de Moxos, a cuyos pobladores indígenas adiestraron los curas jesuitas los siglos XVII y XVIII en la ejecución de música barroca, dieron marco a esa danza invocadora.
Bajo los reflectores se pusieron luego los Morenos que al conjuro del grupo folclórico Llajtaymanta, de la altiplánica Oruro, danzaron para hacer una mofa de la explotación de indígenas y negros en los parajes andinos de la minería colonial argentífera, antes de 1825, cuando se fundó Bolivia.
El afamado grupo Los Kjarkas remató la fiesta con un poupurrí de canciones del acervo más representativo de la música boliviana.