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Camposanto de Sucre, más de un siglo de historia patrimonial
« "Hodie Mihi Cras Tibi", que significa hoy por ti, mañana por mí o Hoy muero yo, mañana lo harás tú, es la inscripción en el ingreso principal al camposanto y recuerda que nadie tiene la vida comprada y la precaria existencia de los seres humanos en este mundo... »

Revista 7 Días - Cambio | Una espléndida infraestructura blanca, de estilo neoclásico y con un singular decorado de pinos y árboles que datan de más de un siglo, esa es la primera impresión a la vista de las personas que tienen la oportunidad de visitar el Cementerio General de Sucre, declarado como el primer Cementerio Patrimonial de Bolivia.

Diseñado por el arquitecto Luis Núñez del Prado, su construcción concluyó el 18 de enero de 1892; sin embargo, desde 1808 las familias pudientes ya compraban terrenos para edificar mausoleos que hoy son admirados como obras de arte y forman parte de un circuito turístico.

Es como un museo donde cada tumba revive a diario la historia de personalidades, escritores, expresidentes, empresarios, próceres de la independencia, incluso príncipes. Un recorrido por sus pasillos recuerda a los visitantes la época aristócrata colonial en medio de muertos que reposan en una especie de jardín.

La necrópolis forma parte del centro histórico de Sucre, declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco el 13 de diciembre de 1991, debido a sus valores históricos, culturales y del mantenimiento de su estilo arquitectónico colonial.

No es cualquier espacio, en sus pasillos se disfruta un agradable momento de esparcimiento, como si se estuviera en una plaza, pues la variada vegetación y el clima templado que caracteriza a la ciudad de Sucre la hace ideal hasta para leer un libro o tan solo descansar. Dividido en tres patios, el cementerio atrae a miles de turistas que a través del relato de niños, niñas, adolescentes y jóvenes que hacen de guías conocen un resumen de la vida de las personalidades que dejaron su legado al país.

Para ello, jóvenes como José se capacitan para guías dentro del cementerio. Ellos conocen de memoria y a detalle la vida y obra de cada personalidad.

“Yo trabajo hace cinco años, al principio todos los niños empezamos como ‘escaleritas’, después nos vamos capacitando”, expresa el guía que en la oportunidad acompaña a la Revista 7Días para recorrer el cementerio.

Hodie mihi cras tibi, que significa hoy por ti, mañana por mí o Hoy muero yo, mañana lo harás tú, es la inscripción que se lee en el ingreso principal al camposanto que recuerda que nadie tiene la vida comprada y la precaria existencia de los seres humanos en este mundo.

Luego, en el primer patio, un pasillo amplio adornado con pinos y bancas para el descanso renuevan las esperanzas de soñar con una vida eterna.

“Cada Presidente dejó su propia historia y es lo que le contamos a los turistas, es una enseñanza para la gente”. Así comienza una hora de lección de historia de Bolivia.

Uno de los primeros mausoleos es del expresidente de Bolivia Aniceto Arce (1888-1892), un tarijeño que estudió desde la adolescencia en Sucre y se graduó como abogado . Fue el cuñado del príncipe Argandoña porque se casó con la señora Amalia Argandoña. Entre sus legados están haber traído al país el primer ferrocarril. Fundó el camino carretero entre Sucre y Cochabamba, inaugurando un puente que lleva su nombre. Siendo presidente de Bolivia puso el último clavo de oro en las rieles para los trenes de Oruro. Falleció el 14 de agosto de 1906. Sus restos se encuentran en el subterráneo, junto con su descendencia, hace más de 100 años.

“Era llamado el hombre de hierro porque gracias a él en Bolivia tenemos los ferrocarriles, por esa razón su mausoleo está rodeado de anillas de puro hierro. Las únicas personas que tienen acceso a su tumba son sus familiares, que son de sexta generación, ellos vienen rara vez porque no viven en la ciudad y uno que otro vive fuera del país”, explica José.

LOS PRÍNCIPES DE LA GLORIETA

Pintado de blanco, la cúpula de los príncipes de la Glorieta se distingue por su diseño de decorado con mármol de carrara (de origen italiano), los más caros de esa época, un ángel del mismo material los acompaña en su descanso. Francisco Argandoña, el príncipe que nació en Potosí, y su esposa Clotilde Urioste, que nació en Sucre, eran descendientes de españoles.

José relata que los príncipes “eran muy buenos” porque al no tener hijos propios optaron por la adopción de más de 80 niños y niñas abandonados o huérfanos. Su casa fue lo que hoy conocemos como el Castillo de la Glorieta, también fundaron el Parque Bolívar, famoso por la réplica de la torre Eiffel. El príncipe también creó una de las primeras entidades bancarias que denominó Banco Francisco Argandoña y fue socio fundador del Banco Nacional de Bolivia, el cual tiene su sede principal en Sucre. Argandoña falleció en 1909 y Clotilde en 1933. Las monjas de los orfanatos que fundaron acuden ahora al mausoleo para la limpieza.

CON LA FORMA DE UN SOCAVÓN

El recorrido continúa por el monumento funerario de Gregorio Pacheco Leyes, donde se encuentra la imagen de la Virgen de Lourdes (traída desde París) y la réplica de un socavón de una mina, al cual se llega por un bloque de gradas. Pacheco nació en Potosí en 1823, desde muy joven se dedicó a la minería. Se dice que en esos tiempos su abuela perdía la memoria, por ello decidió donar su casa para la acogida de mujeres con problemas de trastorno mental y su finca a los varones, estos dos psiquiátricos se fundaron con el nombre de Hortensia Pacheco, su querida abuela.

José añade que el expresidente (1884) vendió sus minas en la Huanchaca a Simón Patiño para pagar las deudas de Bolivia con otros países y apoyar con mayores recursos a los soldados bolivianos ante la invasión chilena.

Fundó el Instituto Psiquiátrico de Sucre, el Puerto Pacheco en el margen derecho del río Paraguay, inauguró el primer servicio internacional telegráfico La Paz-Lima y en Sucre abrió el Banco Hipotecario. Falleció en el asiento minero de Tatasi, Potosí, el 20 de agosto de 1899.

El repaso por la historia se complementa con la actividad diaria de los que ganan algunos pesos en el cementerio. Entre mausoleo y mausoleo se escuchan los rezos y algunas oraciones cantadas de personas que ofrecen ese servicio a los dolientes.

EL MONUMENTO A LOS CAÍDOS EN AYO AYO Y COSMINI

En ese contexto, llegamos al final del primer patio, donde el monumento de una mujer tallado en bronce representa a la Patria, a su pies se observa un libro con los nombres de 27 universitarios que fueron masacrados en el templo de Ayo Ayo durante la lucha entre La Paz y Sucre por la sede de gobierno, en 1899, denominada la Guerra Federal. En el medio se observa el escudo de la Universidad Mayor Real y Pontificia de San Francisco Xavier de Chuquisaca.

“Lamentablemente en esa batalla, en Cosmini-Ayo Ayo, se dio una masacre por parte de los campesinos a jóvenes universitarios que se refugiaban en el templo. Ellos estaban acompañados del cura Juan Manuel Fernández de Córdova, que daba una misa. A los estudiantes les cortaron el cráneo y bebieron su sangre, por eso este monumento está con el rostro de dolor y llanto por la caída de sus hijos durante esta batalla”, relata el guía. Es una de las áreas que atrae más la atención de turistas. Los docentes de la Universidad San Francisco Xavier de Chuquisaca llegan al lugar cada 24 de enero para homenajear a los héroes. “Desde 1899 que La Paz ganó la batalla, Sucre tiene solo el Órgano Judicial”, añade.

HÉROES Y CRIPTAS ETERNAS

En el primer patio del cementerio ya no existe lugar, los que están enterrados tienen el espacio a perpetuidad. Entre ellos se encuentran Manuel Ascencio Padilla, esposo de Juana Azurduy de Padilla, desde el 2006 sus restos están en la Casa de la Libertad, pero de manera simbólica su cripta yace intacta en el camposanto en honor a su lucha por la independencia.

El guía comenta a detalle la vida de las personalidades y entonces dice: “Padilla fue degollado en El Villar por Francisco Aguilera”.

A pocos pasos están los restos de Ladislao Cabrera, quien luchó junto con Eduardo Avaroa por la defensa del Litoral “el 23 de marzo de 1879. Está cremado y envuelto con una bandera”.

Le sigue Narciso Campero Leyes, expresidente de Bolivia (1880 y 1884) y primo hermano del expresidente Gregorio Pacheco. Otros pasos más allá yace la cripta de Hernando Siles Reyes, el trigésimo primer presidente de Bolivia. Creó la Contraloría General de la República y fundó el Banco Central de Bolivia. “También fue autor de las siguientes obras: Código Civil, Código Penal, Procedimiento Civil, Derecho Parlamentario de Bolivia y otras”.

En su cripta se encuentra su rostro tallado en mármol de carrara. “Varios lugares importantes del país recibieron su nombre, como el estadio Hernando Siles en La Paz, la terminal Hernando Siles en Oruro, la provincia y avenida Hernando Siles en Sucre. Él falleció en 1942”, dice José.

DESCANSO ETERNO Y ENTIERROS DE PRIMERA Y SEGUNDA

Son cerca de 59 personalidades que tienen sus mausoleos en el espacio privilegiado del cementerio. En el segundo y tercer patio descansan los restos de personas que a diario llegan para ser enterrados. “Hay 120 entierros entre niños, adolescentes y mayores por mes aproximadamente, nuestro cementerio está saturado”, señala el administrador del Cementerio General de Sucre, Leonardo Soria.

Asegura que el 90% de los ciudadanos busca un espacio en el camposanto para enterrar a sus familiares, por ello existe un proyecto para ampliar el tercer patio.

“Los primeros en enterrarse permanecerán eternamente como patrimonio, en cambio la gente que fallece actualmente solo tiene siete años y después es sacada”, explica Soria.

La documentación de Guillermo Calvo Ayaviri señala que antes de la primera década del siglo XIX, los entierros se realizaban en los cementerios de las parroquias, así lo certifican los libros de defunciones del Sagrario de Guadalupe, Santo Domingo, San Lázaro, San Miguel Arcángel, San Sebastián, San Roque, Oratorio de San Felipe Neri, Hospital Real de Santa Bárbara, Convento de La Recoleta y los monasterios de Santa Teresa y Santa Clara.

En la época colonial, el primer cementerio de carácter público que tuvo Sucre fue el que se construyó junto a la iglesia de San Francisco en 1580, donde hoy está la plazuela de San Francisco. Sin embargo, el Mariscal Antonio José de Sucre, mediante un decreto del 25 de enero de 1826, ordenó el establecimiento de camposantos para los cadáveres y se determinó penas para los curas que los entierren en sus iglesias.

Otrora la vida en la ciudad de Sucre era dividida en profundas clases sociales, por lo que se establecían entierros de primera y de segunda. El entierro de primera recorría la calle Bustillos, colocando el ataúd sobre una carroza arrastrada por caballos que estaban cubiertos por capas de terciopelo negro y flecaduras de color oro. El cochero vestía de frac negro y sombrero de copa de igual color. El entierro recorría hasta la esquina de la Botella Verde, calles Bustillos y Junín.

El entierro de segunda colocaba el cadáver sobre un callapo de palos, llevado en hombros que recorrían la actual calle Junín. El recorrido tenía descanso en la llamada Aya Samachina o descanso del cadáver, esquina Junín, La Paz.

Actualmente, luego de la misa de cuerpo presente, el entierro se dirige al Cementerio General en una columna de automóviles que lleva a los dolientes y acompañantes. El administrador Soria manifiesta que en el camposanto la limpieza inicia a las 05.00 para que la gente ingrese a un espacio limpio.

Comenta que en los últimos meses se ofrecen nuevos servicios luego de la instalación de un horno crematorio y salón velatorio, “es uno de los más modernos de Bolivia”, dice. Soria trabaja 11 años en el cementerio y destaca el valor patrimonial que se le da al camposanto que “hace singular” a Sucre.

Asegura que tanto las plantas como los pinos tienen un mantenimiento especial porque algunos datan de hace más de 100 años, pues la arborización del cementerio se inició a fines del siglo XIX, entre voluntarios, filántropos y autoridades municipales que se preocuparon por la ornamentación bajo la consigna ‘Para embellecer la mansión del eterno descanso’.

En la capilla que se encuentra en el ingreso, el sacerdote de la iglesia San Roque celebra misas todos los lunes para las almas olvidadas.

Por ahora la Guardia Municipal hace vigilia las 24 horas, por lo que los robos se han reducido, principalmente de los objetos de bronce. Soria recuerda que en una ocasión sustrajeron 40 marcos de nichos, pero fueron recuperados oportunamente.

« El Cementerio General de Sucre está abierto de lunes a viernes, por las mañanas de 08.00 a 11.30 y en las tardes de 14.00 a 17.30, los fines de semana, sábados y domingos, de 08.00 a 17.30. ... »
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